lunes, 13 de noviembre de 2017

A quien juzgue tu camino, explícale el viaje

A quien juzgue tu camino, explícale el viaje

Yo no digo que no juzgues, porque todos y todas lo hemos hecho alguna vez y valientemente miente quien diga que no, pero si me gustaría que recapitularas y reflexionaras antes de hacerlo y lo digo por lo siguiente:

A lo mejor juzgas sin acordarte que tú, tu pareja, familiar o alguien cercano hizo lo mismo o peor que aquello que estás criticando.

Tal vez, juzgas olvidando que puedes cambiar de opinión.

Igual juzgas sin saber que eres quien más debe callar, porque sólo sabes lo que los demás quieren que sepas. Puede que si supieras algunas cosas de ciertas personas se te cayeran muchos mitos, e igual crees que sabes cosas de personas que ni siquiera son ciertas. Por ejemplo, aquella persona que habla de cuernos y que, metafóricamente, no puede entrar por las puertas (pongamos un poco de humor al asunto).

Quizás juzgas porque no pasaste por lo mismo y no tuviste que actuar ante determinada situación.

Igual juzgas porque no sabes como se siente esa persona cuando está sola, ni tienes ni idea lo que le cuesta levantarse cada día, seguir adelante y afrontar.

Probablemente juzgues sin conocer los logros y fracasos de esa persona.

Puede que en realidad no tengas ni idea y estés haciendo un daño totalmente innecesario y gratuito, e igual abres así la boca porque no te has parado a pensar en tus acciones y en las acciones de tu entorno.

Es posible que no estés siendo nada justo o justa, pues igual estás ensalzando demasiado a quien no lo merece y despreciando o infravalorando a quien no deberías. Esto pasa con los políticos, los trabajadores de una empresa, los amigos, las parejas y hasta los vecinos. Injusticias e hipocresías por todas partes.

Cuando juzgas injustamente lo único que haces es ofender y ofenderte, a veces, incluso, echando piedras a tu propio tejado, que parece que en algunas ocasiones se nos olvida el pasado, por muy próximo que esté. Cuando apuntas con el dedo recuerda que tres dedos te apuntan a ti (véase la imagen).


Así que, si vamos a juzgar que sea al menos con conocimiento de causa y recordando nuestra vida y la de las personas de nuestro alrededor, juzgar con justo juicio. Y si eres un ejemplo en aquello de lo que vas a opinar, conoces la verdad, sabes empatizar y ser objetivo u objetiva, entonces adelante, opina, pero sin ser demasiado duro, pues como decía Francisco García Salve: “piensa que todos somos más víctimas de una educación, de una ideología o de un carácter...que responsables de una mala voluntad”.

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