A quien juzgue tu camino,
explícale el viaje
Yo no digo que no juzgues,
porque todos y todas lo hemos hecho alguna vez y valientemente miente
quien diga que no, pero si me gustaría que recapitularas y
reflexionaras antes de hacerlo y lo digo por lo siguiente:
A lo mejor juzgas sin
acordarte que tú, tu pareja, familiar o alguien cercano hizo lo
mismo o peor que aquello que estás criticando.
Tal vez, juzgas olvidando que
puedes cambiar de opinión.
Igual juzgas sin saber que
eres quien más debe callar, porque sólo sabes lo que los demás
quieren que sepas. Puede que si supieras algunas cosas de ciertas
personas se te cayeran muchos mitos, e igual crees que sabes cosas de
personas que ni siquiera son ciertas. Por ejemplo, aquella persona
que habla de cuernos y que, metafóricamente, no puede entrar por las
puertas (pongamos un poco de humor al asunto).
Quizás juzgas porque no
pasaste por lo mismo y no tuviste que actuar ante determinada
situación.
Igual juzgas porque no sabes
como se siente esa persona cuando está sola, ni tienes ni idea lo
que le cuesta levantarse cada día, seguir adelante y afrontar.
Probablemente juzgues sin
conocer los logros y fracasos de esa persona.
Puede que en realidad no
tengas ni idea y estés haciendo un daño totalmente innecesario y
gratuito, e igual abres así la boca porque no te has parado a pensar
en tus acciones y en las acciones de tu entorno.
Es posible que no estés
siendo nada justo o justa, pues igual estás ensalzando demasiado a
quien no lo merece y despreciando o infravalorando a quien no
deberías. Esto pasa con los políticos, los trabajadores de una
empresa, los amigos, las parejas y hasta los vecinos. Injusticias e
hipocresías por todas partes.
Cuando juzgas injustamente lo
único que haces es ofender y ofenderte, a veces, incluso, echando
piedras a tu propio tejado, que parece que en algunas ocasiones se
nos olvida el pasado, por muy próximo que esté. Cuando apuntas con
el dedo recuerda que tres dedos te apuntan a ti (véase la imagen).
Así que, si vamos a juzgar
que sea al menos con conocimiento de causa y recordando nuestra vida
y la de las personas de nuestro alrededor, juzgar con justo juicio. Y
si eres un ejemplo en aquello de lo que vas a opinar, conoces la
verdad, sabes empatizar y ser objetivo u objetiva, entonces adelante,
opina, pero sin ser demasiado duro, pues como decía Francisco García
Salve: “piensa que todos somos más víctimas de una educación, de
una ideología o de un carácter...que responsables de una mala
voluntad”.

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