El
miedo es una emoción que, en su justa medida, nos sirve para
cuidarnos, para estar alerta frente a posibles peligros. Casi siempre
viene de malas experiencias. Nos paraliza. El miedo a sufrir es peor
que el propio sufrimiento.
Estamos
plagados de miedos.
Miedo
a ser nosotros mismos.
Miedo
a no actuar como el resto.
Miedo
a mirar dentro de las personas, dentro de su verdadero valor.
Miedo
a que nos quieran y nos traten bien.
Miedo
a querer.
Miedo
a decir basta.
Miedo
a estar solos.
Miedo
a dar oportunidades a las personas porque creemos que nos harán daño
como otras.
Miedo
a fracasar.
Miedo
a avanzar.
Miedo
a evolucionar.
En
definitiva, miedo a vivir, a aceptar que las cosas cambian y que, a
veces, es bueno que lo hagan.
Lo
que hay que hacer es identificar a qué le tenemos miedo,
reconocerlo, buscar su origen y luchar contra él.
Tener
miedo se compara con vivir en el pasado. Nos bloquea. Tenemos que ser
conscientes de que siempre no va a ser igual. No podemos dejar que
malas experiencias nos frenen hacia otras nuevas que pueden ser bien
distintas y mucho mejores.
No
podemos estancarnos, no podemos rendirnos.
Dice
Facundo Cabral que nos envejece más la cobardía que el tiempo, pues
los años sólo arrugan la piel, pero el miedo arruga el alma.
Cuida
el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida.

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