martes, 21 de noviembre de 2017

Todo lo que perdemos por miedo a perder

El miedo es una emoción que, en su justa medida, nos sirve para cuidarnos, para estar alerta frente a posibles peligros. Casi siempre viene de malas experiencias. Nos paraliza. El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento.
Estamos plagados de miedos.
Miedo a ser nosotros mismos.
Miedo a no actuar como el resto.
Miedo a mirar dentro de las personas, dentro de su verdadero valor.
Miedo a que nos quieran y nos traten bien.
Miedo a querer.
Miedo a decir basta.
Miedo a estar solos.
Miedo a dar oportunidades a las personas porque creemos que nos harán daño como otras.
Miedo a fracasar.
Miedo a avanzar.
Miedo a evolucionar.
En definitiva, miedo a vivir, a aceptar que las cosas cambian y que, a veces, es bueno que lo hagan.
Lo que hay que hacer es identificar a qué le tenemos miedo, reconocerlo, buscar su origen y luchar contra él.
Tener miedo se compara con vivir en el pasado. Nos bloquea. Tenemos que ser conscientes de que siempre no va a ser igual. No podemos dejar que malas experiencias nos frenen hacia otras nuevas que pueden ser bien distintas y mucho mejores.
No podemos estancarnos, no podemos rendirnos.
Dice Facundo Cabral que nos envejece más la cobardía que el tiempo, pues los años sólo arrugan la piel, pero el miedo arruga el alma.

Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario