jueves, 30 de noviembre de 2017

El aprendizaje del tiempo

Quizás no estoy donde creía que iba a estar cuando soñaba de niña, de hecho, creo que muy poca gente lo está. La verdad que no tenía nada planificado, y menos mal, porque no se puede planificar a largo plazo, teniendo en cuenta lo cambiante que es la realidad y todos los factores que pueden influir en ella.
No tiene sentido lamentarse por lo que no se hizo en su día, a no ser que nos pongamos manos a la obra para cambiarlo. Lamentarse sin lucha es torturarse.

Lo que sí sé sin duda es que, si no hemos hecho daño a nadie, no tenemos motivo para arrepentirnos de nada, ni siquiera de lo malo, pues de eso es de lo que se tiene que aprender para no repetir. Aprender de las buenas y las malas decisiones, aprender a querer y quererse mejor, a perdonar y a pedir perdón, a dejar de hacer las cosas por complacer a los demás porque es difícil contentar a todos y ser feliz, a que importe nada y menos lo que diga el resto, a saber que no siempre es posible hacerlo todo bien, a valorar lo que se tiene cuando se tiene y cuidarlo, a abrir la mente al futuro y a cerrar puertas del pasado, a aceptar que los años pasen y pesen, a hacer más y hablar menos, a ser feliz con un abrazo sincero, a abandonar las continuas dudas y a dejar de estresarse por todo, que las prisas no son buenas.

Los años nos enseñan también a ser menos egoístas, pero también más independientes, a no enfadarse ni discutir demasiado con la gente que nos importa, que no aporta nada estar mal con nadie y las cosas se pueden hablar, que el rencor sólo es un enemigo. Nos enseñan a tolerar, a entender, a ceder y a escuchar.

El tiempo igual no cura todas las heridas, pero las suaviza y las hace soportables.

Nos rodea, nos domina, nos consume y nos envuelve con su temible poder. No hay fuerza en la tierra capaz de alterarlo o controlarlo. Y nosotros impacientes tantas veces como si el tiempo no pasara, sin darnos cuenta que si pasa y nosotros nos vamos con él.


El tiempo no se detiene ni espera por nadie. No olvides que es fácil ser importante para alguien en poco tiempo, lo difícil es ser importante para alguien durante mucho tiempo. Sigue adelante, porque en este momento eres lo más viejo que puedes ser y lo más joven que volverás a ser jamás.

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